martes, marzo 20, 2007

Oblación y reparación

Estos términos han formado parte de la tradición ascética cristiana desde los comienzos de la predicación del Evangelio. Me sorprende ver que hay muchos cristianos en Occidente que prescinden totalmente de ellos en su vida cristiana.
Por lo que he comentado otras veces, no me estoy refiriendo a los bautizados no practicantes, sino a los cristianos que viven su fe con algun grado de compromiso. Esto nos incluye por supuesto a los sacerdotes. Parece que nuestra sociedad post-moderna ha encontrado la clave de la ascensión al monte donde solo mora la gloria y honra de Dios -en palabras de San Juan de la Cruz- y no necesita para nada ver su vida espiritual en clave de lucha. ¿Habrá vencido el quietismo?
Yo creo más bien que lo que ha vencido es algo tan vulgar como la comodidad. El hombre en nuestras prósperas sociedades occidentales tiene su orden de prioridades en la vida muy trastocado, y la inercia o la ignorancia conducen a la apatía espiritual.
Por eso, al más puro estilo ignaciano, es necesario hacer uso de la virtud opuesta a la tentación que nos domina. Y la virtud opuesta a esta comodidad es la oblación y la reparación.
La oblación es algo que nos pone en contacto con la realidad más profunda del hombre, que es el hecho de que percibe su propia existencia. La oblación presupone el saberse capaz de orientar la propia existencia en una dirección u otra.
Todas las cosas realmente importantes de la vida suponen una donación. Así, el progreso personal en los distintos campos de la actividad humana son elecciones oblativas, puesto que se toma esa opción (estudiar) y no otra (correr). En el campo de las relaciones interpersonales esto aparece con toda su fuerza. El amor conlleva una dinámica de renuncias y de incrementos. Y a mayor exclusividad en esa relación interpersonal, mayores han de ser las renuncias. Si no fuera así, el amor sería imposible. Si no soy consciente de que me poseo y puedo darme es imposible relacionarme con el otro.
Nuestra relación con Dios entra de manera especial en esa dinámica interpersonal. Dios asume la naturaleza humana y la hace suya para poder entregarla en el sacrificio del Calvario, que San Pablo muy acertadamente lo compara con el amor esponsal. Por eso, aunque comprendo el alcance filosófico de la expresión "el totalmente Otro" para referirse al misterio de Dios, creo que con Jesucristo esa barrera se rompe.
El punto de inflexión de la Historia para el cristiano es el momento en que Dios se hace hombre y cercano por la oblación. ¿Cómo es que hemos perdido el sentido entonces de la penitencia?
Esta es la clave de la ascesis cristiana, de la penitencia: que Cristo ama y se entrega. Su amor es oblación en estado puro, y nos pide que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado. Por eso es tan profundamente relativo a Cristo -o sea, cristiano- el hacer penitencia y entender nuestras vidas como una oblación continua, en definitiva un acto de amor y no de inercia.
Y como diría Jean Guitton en Lo impuro, la oblación se ha de distinguir netamente de la ablación. La ablación es negar al hombre y no tiene sentido. Es el sacrificio arbitrario e inútil. La oblación, por el contrario, construye al hombre, pues establece una dinámica de donación y de recepción. Es lo que en definitiva hace feliz al hombre.
¿Un cristiano sin oblación ni reparación? No ha comprendido el evangelio y no podrá transmitir la alegría de vivirlo.

3 comentarios:

Cristian dijo...

Padre:
Me alegra que vuelva a publicar. Espero de corazón que lo haga más seguido, y que así podamos ayudar a muchos que se nos acercan por este medio para pedir un consejo, o simplemente sentirse acompañados. Bendiciones Declan.

Declan Huerta Murphy pbo. dijo...

¡Gracias por los ánimos hermano! Soy consciente de la necesidad de este apostolado, y espero poder encontrar el tiempo para llevarlo adelante. ¡Dios te bendiga!

Jen El dijo...

Me gusta...

La verdad los términos, en tanto laico "de a pie" me son extraños, por mas que los haya leido mas de una vez. Entiendo "Oblación" como donación de sí, en la penitencia u acción que se realiza en beneficio de otros o de Dios; ahora "reparación" si que es un término que no entiendo...Me parece que es algo así como un sacrificio que se hace para compensar ante Dios las culpas de otros ¿o me equivoco?

Gracias y un abrazo ¡sigue escribiendo!