viernes, marzo 17, 2006

Pasión y donación.

Sigo leyendo detenidamente la encíclica del Papa. Es valiente a la hora de partir desde una reflexión de carácter filosófico sobre el amor. Hablar del eros es dejar la puerta abierta al diálogo con los buscadores de verdad, hablar del ágape es entroncar con lo más bello de la literatura neotestamentaria y la tradición patrística.
Me da pena que los hombres establezcamos tan facilmente el divorcio entre estas dos dimensiones del amor. Supongo que es por la banalidad. La instrumentalización de la palabra amor deja sin lugar al ágape, pero merma mucho al eros, condenándolo a la autocomplacencia, donde el otro no tiene cabida. Más allá del ámbito de los creyentes, creo que es una reflexión necesaria para nuestra autosatisfecha sociedad occidental. El amor no puede ser el estereotipo que se pretende imponer unilateralmente.
El eros (pasión, arrobamiento de la voluntad, éxtasis) pierde su fuerza y su encanto porque es incapaz de desembocar en el ágape (servicio, entrega, donación al otro). Nuestra sociedad necesita urgentemente de un nuevo modelo de amor, más profundo, más real, más acorde con lo que cumpla las expectativas de felicidad del corazón humano. Las relaciones interpersonales deben crecer en calidad y profundidad. Menos "fiesta" y más amigos, aunque se cuenten solo con los dedos de una mano. Menos "rollos" y más amores que tiendan a la estabilidad y al respeto por el otro. Menos individuales perdidos en sus ensoñaciones egoístas y más familias educadoras en el dominio de sí en orden a una entrega sincera al otro. Vamos, menos del modelo cultural imperante, banalmente sexualizado hasta la saciedad e irresponsable, y más de unos valores que si responden a lo que el hombre es y a lo que el hombre está llamado.
Célibes, debemos ser sal. Casados, debéis ser sal. Familias, debéis ser sal. La sal del dominio de sí para una donación autentica en el hermano. Y como modelo, Cristo.

1 comentario:

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

Maravillosa encíclica, ¿no? Aunque no tiene nada nuevo que el excelso teólogo alemán no hubiese dicho antes, ya fuese como profesor universitario, como obispo, como 'Inquisidor' o como No. 2 de la Iglesia...

Tras sucumbir a la 'blogmanía', dediqué mi primer 'post' al amor, según S. S. Benedicto XVI (¡mi súper papa!), que, si ya había creído plenamente en el pasado, ahora que lo he vivido, estoy que doy de brincos.

Gran blog, por cierto.

¡Saludos de un futuro iñiguista mexicano!